lunes, 2 de junio de 2008

CÓMO SE CONSTRUYE EL SUJETO PEDAGÓGICO


Por:
Carlos Zapata, Novelyn Baloa, Ketty Bautista y Elizabeth Noguera
Maestría Robinsoniana 2008

En el transcurrir histórico de la sociedad se hallan instituciones que han tenido el protagonismo de acuerdo a sus funciones socialmente legitimadas en la formación del individuo. En este sentido, la iglesia, la familia y específicamente la escuela, han tenido la forma de integrar a los individuos a las estructuras sociales existentes. La escuela en el logro de este objetivo, ha tenido una modalidad específica de inversión de sus esfuerzos políticos y económicos para formar a las nuevas generaciones, organizando, qué y cómo aprender de modo diferente en cada época de desarrollo de la humanidad.

Este cambio histórico social con respecto a la integración de las nuevas generaciones implica la transformación de actitudes, sentimientos y relaciones, a través de mecanismos racionales y ordenados, que con mayor énfasis asume la escuela para educar al sujeto. En este sentido, la escuela ha liderizado el discurso pedagógico a través del cual se ha dado el proceso de constituir el estado moderno y la conformación de una sociedad disciplinaria en la que las instituciones educativas asumieron la misión de transmitir saberes, conocimientos, valores y demás elementos propios de la maquinaria escolar.

Desde este contexto, toda práctica educativa es productora de sujetos a partir de la mediación de otros sujetos. La mediación pedagógica se articula a partir del entramado de significaciones que suponen acciones concretas que dinamizan las relaciones entre el sujeto, el sujeto mediador y el mundo, dando origen al sujeto pedagógico. El sujeto pedagógico es el producto de las complejas situaciones educativas, que tienen lugar en distintos ámbito institucionales, que encuadran y precisan de una pedagogía y toda pedagogía define su sujeto. Estas ideas conforman que el sujeto pedagógico se constituya en una relación en la que participa el educador, el educando, el hábitus, los conocimientos que se transmiten, ubicados en un momento y un tiempo histórico determinado, además de la evaluación.

Desde esta premisa hoy se debe repensar la constitución del sujeto pedagógico al margen del discurso educativo hegemónico de la institución escolar, la cual está obligada a repensar la práctica educativa sobre la base de un desarrollo curricular a la medida de los alumnos y por ende orientado a una nueva versión de la institución educativa, donde se tomen en cuenta elementos como el docente, los contenidos el participante y la evaluación, privilegiando los sentimientos como factor trascendente en la formación del sujeto pedagógico, toda vez que los sentimientos son todos aquellos que manifiestan acción, y el indicativo del sentimiento es el comportamiento que expresa ese sentimiento (Héller, 1979).

Los sentimientos están siempre presentes en los procesos de aprendizaje significativo y resulta importante reconocerlos para encausarlos de manera constructiva, atendiendo tanto la dimensión afectiva como cognitiva para promover el desarrollo integral del sujeto.

Tomando en cuenta la importancia que tiene el aspecto afectivo en el aprendizaje y por ende en la construcción del sujeto pedagógico, se hace posible reseñar las ideas planteadas por Max Scheler (2003) “Gramática de los sentimientos” donde se aborda lo emocional como fundamento de la ética, aun cuando plantea que la totalidad de nuestra vida emocional depende de la organización psíquico-física, observación y comprensión (razón y corazón, entendimiento y ánimo). Para Max Scheler en los sentimientos están involucrados: sentidos (vista, tacto, olfato, audición y gusto), la experiencia, el conocimiento racional y la ética, diferenciando entre ética absoluta y ética relativa, que nos lleva a la jerarquización de los valores y a las actitudes valorativas. Scheler, distingue diferentes estados del sentimiento:
Estado de sentir originario de naturaleza intencional que forma parte de los contenidos de los fenómenos y proviene de la observación, ejemplos: sufrir, gozar.

Estado de sentir, de darse cuenta, prestar atención que forma parte de las funciones de recepción, contenidos y fenómenos objetivos y emocionales, ejemplos: la tristeza de un paisaje, la calma de un río.

Estado de sentir de valores, ejemplos: agradable, bueno, función cognitiva.
Estado de sentir como un efecto o cualidades de valor.
Estado de sentir que no son actos, ni funciones, no son intencionales ni vivenciales.
En este sentido nos resulta trascendente las ideas de Scheler , toda vez que nos permite ver que no somos sujetos dominados sólo por la razón, y que los procesos sociales y educativos están impregnados por la sensibilidad de sus actores, por lo tanto no existe la dicotomía sujeto-objeto, somos constructores subjetivos-colectivos.
Con respecto a la “Teoría de los sentimientos” propuesta por los autores Carlos Gurmendez (1993), el cual desarrolla una teoría de los sentimientos bajo dos premisas: 1- Los sentimientos son respuestas a situaciones en las cuales estamos comprometidos, en este sentido no existe separación entre el sentir y sufrir, es decir entre el mundo interior y el mundo exterior. 2- Los sentimientos se manifiestan dialécticamente; es la unidad de los contrarios; son experiencia objetiva y la vivencia subjetiva. Continuidad y discontinuidad, pasividad y acción, pasado y presente, reviviscencia y reminiscencia, Incorpora en la argumentación de su teoría ramas de la ciencia matemática (geometría y aritmética). Desde la geometría ubica a los sentimientos en el espacio y el tiempo, continuidad y discontinuidad. Los sentimientos existen y se caracterizan por ser: temporales, sucesivos y espaciales. Los sentimientos son la cuarta dimensión del espacio, memoria de repetición, tiempo inmemorial, retrospectivo y prospectivo. Desde la aritmética estudia las propiedades y elementos de los sentimientos, los sentimientos pasan por graduaciones, estados, tonalidades, gradaciones y transformaciones.
Aun cuando resulta compleja la visión como el autor valora los sentimientos, ciertamente nos permite entender que cada sujeto percibe la realidad de una manera diferente y por lo tanto los procesos de reflexión que detonan en él son también diferentes, contribuyendo a la producción permanente de nuevos conocimientos.
En este sentido, y acogiéndonos al planteamiento de cómo se construye el sujeto pedagógico, consideramos que es necesario replantear el complejo proceso de mediación pedagógica que hasta ahora se ha venido desarrollando en nuestras instituciones educativas, a partir del trabajo del docente y el papel de la escuela del educando y del proceso de evaluación, por lo tanto pensamos que es necesario incorporar una serie de elementos, donde se privilegie uno de los aspectos básicos como son los sentimientos y en ellos se inserta con mayor énfasis el amor. El amor es esencialmente acción, es la fuerza dinámica del servicio práctico, es una entrega comprometida a cambiar y combatir todo lo que impide la vida humana de los demás, especialmente de los niños, jóvenes, los pobres, los excluidos, los grupos étnicos. Es este el reto que debemos hoy asumir como docente, implicarnos en la capacidad de soñar, de imaginar nuevos mundos e identificarse con el compromiso de realizarlos. Debemos tomar como norte educar para ser un militante de la esperanza, que apueste por la vida, por la libertad y por la justicia. Por lo tanto el maestro debe internalizar que su tarea es algo más complejo, sublime e importante que ser un dador de contenidos. Su labor debe insertarse en la concepción de que educar es alumbrar personas autónomas, libres y solidarias, dar la mano, ofrecer oportunidades para que otros vean la realidad sin miedo.
Por lo tanto la misión del docente reclama más que títulos, que su trabajo esté orientado a formar personas desde la libertad ofrendada y desde el amor que crea seguridad y abre caminos al futuro. Que el docente entienda que la educación es un proceso de formación de valores, actitudes y hábitos constructivos, pues tal como lo expresa Ipiña (1996), “de nada vale hacer ciencia, sin formar conciencia” (pág, 88). Por lo tanto, la educación debe proponer implícita y explícitamente una serie de principios y valores como respeto, responsabilidad, compromiso, trabajo, justicia, solidaridad, convivencia, equidad social, sentido de pertenencia y amor en los aprendices para que se conviertan en hombres y mujeres responsables en la toma de sus decisiones personales, capaces de formarse juicios correctos ante la realidad compleja de la vida, respetuosos de los demás, dotados de una sana autoestima y bien posesionados de sus derechos y deberes sociales para el ejercicio de la democracia.
Otro aspecto a considerar, es la evaluación que en el contexto social de la práctica pedagógica debe estar orientada a promover al máximo el desarrollo integral sobre cada alumno, conocer sus debilidades, fortalezas y modo de aprender, para favorecer la reflexión y comprensión del proceso y la valoración de los esfuerzos e intereses de quienes participan en la acción educativa.
Es necesario que el docente desvirtúe la aplicación de la evaluación como acto punitivo, como mera asignación de calificación o notas, o ser utilizada como elemento de control. Por lo tanto, es necesario que se tome la evaluación desde su función formadora, como un proceso motivador, permanente, sistemático, lo cual implica comprobar aciertos y reconocer esfuerzos, contemplar todo el proceso y no parte del mismo, superar la acción de atiborrar a los alumnos de conocimientos sin sentido y atender y respetar las diferencias individuales y los estilos de aprender de cada uno.
Igualmente la escuela y/o centros educativos, deben ser comunidades de aprendizaje y vida, donde todas las personas que tienen acción dentro de ellas, puedan desarrollar todos sus talentos humanos y profesionales, al vivir y convivir, a producir nuevos conocimientos, valores y formas de vida, a resolver problemas comunes, para convertirse en espacios de cooperación y búsqueda de esa escuela posible.

BIBLIOGRAFÍA

Gurmendez, C. (1984). Teoría de los Sentimientos. España. Fondo de Cultura Económica. Material Instruccional, UNESR.
Ipíña, E. (1996). Paradigma de futuro. Reforma Educativa en Bolivia. La Paz. Santillana.
Scheller, M. (2003). La gramática de los sentimientos. Lo emocional como fundamento de la ética. Barcelona. Ed. Crítica. Material Instruccional UNESR.

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